Mafia de los medicamentos
Oyarbide excarceló a Venegas tras fuerte presión de la CGT
 Conmoción en el ámbito sindical. Reclamos en las rutas, advertencias y un giro del juez. El magistrado lo indagó siete horas y lo liberó; Moyano había denunciado "un ataque" a los gremios. Al final de un día de intensa crispación política, el juez federal Norberto Oyarbide excarceló anoche al sindicalista Gerónimo Venegas, a quien había ordenado detener anteayer por el fraude de la mafia de los medicamentos.
Venegas salió de los tribunales de Retiro, a las 23, abrazado a su aliado Eduardo Duhalde.
Horas antes, la cúpula de la CGT, con Hugo Moyano al frente, se había reunido de urgencia para reclamar la liberación del opositor Venegas, con un duro documento en el que denunció "un ataque" a los gremios y no ahorró advertencias que rozan al Gobierno.
En simultáneo, había protestas en rutas de todo el país, organizadas por el gremio de los peones rurales, que lidera Venegas. En todas acusaban a la Casa Rosada de alentar la detención.
Cuando la presión empezaba a crecer, al mediodía, Oyarbide aceleró inesperadamente la declaración indagatoria, que, en un principio, estaba prevista para hoy.
Venegas declaró durante siete horas, acusado de asociación ilícita y comercialización de sustancias peligrosas para la salud. Recuperó anoche la libertad bajo fianza, al pagar 500.000 pesos de caución.
Para entonces, la fuerte jugada de Moyano había causado conmoción en el mundo político. Extremadamente preocupado y decidido a enviar un mensaje de alto impacto, el camionero activó el comité de crisis de la CGT para solidarizarse con el duhaldista Venegas, líder de Uatre desde hace 20 años.
Después de reunirse con la cúpula de la central obrera en un intento de unificar posturas, Moyano decidió manifestar su inquietud a través de un comunicado, en el que advirtió que la CGT defenderá "a los compañeros sindicales, más allá de las posiciones diferentes".
Lejos de expresiones disciplinadas y neutrales, un párrafo del documento firmado por el Consejo Directivo Nacional de la CGT, sugirió cierta complicidad entre el Gobierno y la Justicia: "Hay un ataque y un ensañamiento con las instituciones sindicales. No caemos en la ingenuidad de no advertir la intención manifiesta que busca debilitar al movimiento obrero".
No fue sencillo aunar conceptos y alcanzar el consenso en la cima de la CGT. Presionado por algunos secretarios generales, Moyano aceptó recién en la noche del jueves, cuando aún estaba en Salta por un acto preelectoral, convocar para ayer a una reunión de urgencia del Consejo Directivo de la central obrera.
"Hugo, la voluntad de la mayoría es solidarizarse con el Momo [por Venegas]. Algo tenemos que hacer. No nos podemos quedar de brazos cruzados como si no pasara nada", exigió uno de los diez vocales de la mesa chica de la CGT, según reconstruyó La Nacion a través de tres fuentes.
División interna
A Moyano le habrían disgustado algunos gestos de rebeldía interna, sobre todo, que lo hubieran apresurado para pronunciarse sobre la detención de Venegas, un reconocido opositor de la Casa Rosada.
Los dirigentes Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento) y Julio Piumato (Judiciales) se encolumnaron detrás del camionero y fueron los más difíciles de convencer para revelar el crítico mensaje que después dio a conocer la CGT.
El encuentro de los referentes sindicales se desarrolló en el tercer piso de la Federación de Peones de Taxi, en el barrio de Boedo.
Desde allí partió el comunicado de la central obrera, que en otro fragmento deslizó una conspiración contra los sectores gremiales y exhibió un espíritu de unidad.
"Produce asombro el trato diferente. Frente algunas imputaciones los dirigentes sindicales parecen sufrir la presunción de culpabilidad y no de inocencia", dijo.
Moyano y su círculo íntimo de colaboradores temían alguna represalía del Gobierno por apoyar a Venegas. Por eso se habría edulcorado el mensaje con elogios y menciones directas a algunas políticas oficiales. "Vamos a continuar defendiendo un modelo de producción nacional e inclusión social", dijeron. Y también parecieron aludir duramente a Duhalde: "Muchos medran con esta situación. Vemos la reaparición de algunos muertos vivos que buscan publicidad electoral".
La causa de la mafia de los medicamentos alteró los ánimos y avivó la preocupación en el mundo sindical: más de 80 obras sociales fueron allanadas en la causa y crece el temor de que cualquiera de los líderes pueda sufrir la suerte de Venegas. El propio Moyano es seguido de cerca por los jueces.
En el entorno de Moyano preparan una ofensiva política tras los embates judiciales. La CGT le reclamaría al Gobierno que agilizara los pagos que se le deben a las obras sociales en conceptos de reintegro. Un dirigente de un gremio de peso precisó que la deuda alcanzaría los $ 6000 millones.
Nicolás Balinotti LA NACION
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