Una realidad històrica
Con 247 años de marginados, los misioneros tienen hoy un Papa jesuita
Después de formar la hermosa región de las Misiones, potencia socioeconómica guaraní durante siglo y medio, los misioneros jesuitas fueron expulsados y hasta condenados por la “pragmática sanción” firmada en febrero de 1767, por el Rey Carlos III. Pocos, entonces, imaginarían que 247 años después habría un Papa argentino y jesuita. La historia, como la vida misma, tiene entre sus entrañas los vericuetos más inopinados que ni el más optimista puede imaginar, aunque lo desee con el alma en sus sueños.
Así habrá ocurrido entre los misioneros de la Compañía de Jesús, que empezaron a trabajar desde 1609 en nuestra región para fundar pueblos, con aborígenes guaraníes, que impresionaban a los más doctos europeos que los visitaban.
Además de haber misionado en cientos de lugares en América, Europa, y Asia, los jesuitas se destacaron en nuestra zona –el sur de Paraguay; el estado de Paraná, Brasil; Corrientes, y Misiones en Argentina –por fundar 30 pueblos, que llegaron a tener hasta 8 mil guaraníes, comandados y enseñados por solamente dos o tres misioneros en cada uno.
Sus métodos, totalmente diferentes a los utilizados por los demás religiosos que aprobaban las encomiendas, forma cruel de esclavitud llevada adelante por los “bravos conquistadores españoles”, los jesuitas lograron leyes reales que los autorizaban a crear pueblos en donde proteger a los aborígenes de los encomenderos.
Así lograron construir, literalmente, en medio de la inmensa selva paranaense, verdaderos paraísos –denominados así por los visitantes de otras regiones y de Europa –quienes atestiguaron y registraron que cada pueblo tenía además de iglesias sin nada que envidiar a las del Viejo Mundo, jardines impresionantes, instrumentos musicales finísimos, hechos por artesanos nativos, músicos, coros, artistas, constructores, y habitantes que dominaban el idioma propio, el castellano, y el latín.
En suma, lograron crear una micro y macro economía agro-ganadera que, además de sustentar con soltura a los pueblos, servía para vender yerba, frutas, madera, cueros, y carnes de primerísima calidad, a las otras regiones de nuestro país, que en ese entonces contaban con pocas calles de barro hediondo y chozas maltrechas repletas de “ciudadanos” cultos.
Todo ello, y la prosperidad que mostraban cada uno de los pueblos, aun perseguidos y atacados por bandeirantes (cazadores de indios pagados por hacendados), en vez de provocar que los españoles y criollos lisonjeros de la corona se esforzaran por competir con el progreso de los pueblos, generó envidia hasta tal punto que comenzaron a difamar a los misioneros, inventando que maltrataban a los indios, que su poderío apeligraba la seguridad del rey y que tenían la intención de apoderarse de todo el reino, aun cuando los pueblos tributaban religiosamente todos los impuestos exigidos por la realeza.
Así llegó el 27 de febrero de 1767, la “Pragmática sanción de su Majestad, Carlos III”, que ordenaba la expulsión de los “regulares de la Compañía de Jesús de estos reinos” y la apropiación de todos sus bienes.
El gobernador porteño Francisco de Bucarelli se encargó de cumplir a rajatabla todo lo que su rey le indicaba, y ordenó que tropas armadas apresaran a los “peligrosos” misioneros, que ante la atenta mirada de los guaraníes, lejos de oponerse a la expulsión y pelear, entregaron dóciles el inventario de todas las pertenencias y bienes, y fueron amontonados cual perros en el puerto de Buenos Aires, para ser enviados a la alta mar sin rumbo, pues Su Excelencia había prohibido su llegada a cualquier parte del reino.
Si alguno hubiese osado decir, en aquél maloliente puerto, a uno de estos misioneros que 247 años después en el sillón de Roma se sentaría un Papa jesuita, nacido justamente en “estos reinos”, seguramente hubiese reído a carcajadas por escuchar semejante pavada.
Fuentes:
Antonio Sepp. “Relación de viaje a las misiones jesuíticas”, 1971
Esteban Snihur. “El universo misionero guaraní, un territorio y un patrimonio”, 2007
Esteban Snihur. “Reducción de Nuestra Señora de Loreto”, 1994
Leopoldo Lugones. “El imperio jesuítico”, 1981
- Iguazú (LAVOZ_Hugo López) -
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