Por Alberto Medina Méndez

Embusteros por elección

A medidas poco convincentes, soluciones inmorales, con escasa chance de éxito, que solo conseguirán sensaciones de avances de corto plazo, no se puede menos que intentar aportar una visión diferente.

Quienes asumen la responsabilidad de gobernar deben enfrentar permanentemente desafíos. Algunos son heredados de gestiones anteriores y conviven con la sociedad desde hace décadas. Otros fueron generados por el gobierno actual y deben también ser atendidos.

Ocuparse de los problemas que preocupan a la comunidad es una tarea cotidiana. Pero en esto de hacer política, de dedicarse a resolver cuestiones importantes, se deben seleccionar no solo las soluciones, sino también los argumentos y los métodos para encarar los asuntos.

El Gobierno argentino, después del inapelable resultado electoral de 2011, anunció una serie de medidas que tienen un norte muy definido, y que en su mayoría tienen un neto corte económico y claro impacto presupuestario.

Se han enfocado en prepararse para lo que se plantea como un escenario con nubarrones a la vista y con un 2012 que parece proponer ciertas dificultades internas y externas, algunas de las cuales no se visualizaron a tiempo ni se informaron, pese a conocerlas.

Pero el propio discurso oficial no se permite la utilización de determinados vocablos por su significado negativo para varias generaciones. Hablar de “ajuste” sería políticamente incorrecto, y en esto son cuidadosos y se atienen al manual del populismo, ese que dice que hay que encontrar argumentos para construir un relato que se acomode a las necesidades.

En ese contexto no les preocupa la inflación, ya que para la historia oficial no existe tal cosa, aunque en sus presupuestos anuales contemplen una cifra de incrementos que no parece encontrar explicación razonable y que pese a su distorsión ubique de todos modos al país entre los de mayor aumento generalizado de precios. Ellos llamarán a este fenómeno remarcación de precios o simplemente adecuación de precios relativos.

El novedoso combate político contra el sindicalismo, otrora aliado para el triunfo comicial, no tiene que ver con lo partidario. Solo se trata de una disputa, oportunista por cierto, para evitar que las negociaciones salariales en curso y las presiones gremiales para quedarse con una porción mayor de la torta, en esta ocasión no escalen y produzcan el indeseable efecto, desmentido tantas veces, de apalancar las inercias inflacionarias.

Una certera estrategia antisindical, pretende poner límite a las ambiciones desmedidas de los sectores gremiales siempre privilegiados, que ya no son la niña mimada porque la cosa no viene tan cómoda como antes, y cierto espiral inflacionario no es bienvenido, aun sin reconocerlo.

Por otro lado parecemos haber descubierto, luego de décadas, que el gobierno federal venía sosteniendo económicamente, ciertos servicios públicos de un distrito, circunstancialmente alineado en otro sector de la política, aunque este dato es menor y casual, y que esto ya no es admisible.

También hemos decidido dar por finalizada una prolongada etapa de subsidios a sectores poco simpáticos para la sociedad ( casinos, petroleras, bancos, etc ) como así también a barrios privilegiados de sectores económicos de buen pasar que gozaban de esta “ayuda”.

Para sostener esta medida, una andanada de intelectuales y hombres del espectáculo, desde una publicidad oficial pagada por todos, alientan a renunciar a los subsidios para que otros conciudadanos no deban privarse de ello. Sigue siendo una curiosidad saber si esta gente no necesitaba subsidios, quien se los concedió y porque, y que extraño mecanismo ha hecho que ellos “espontáneamente” se encuentren con este hallazgo de que ya no lo necesitan más y que otros lo precisan más que ellos.

En otro orden, un repentino interés por conocer el origen de los fondos de quienes desean comprar divisas extranjeras, y un afán por luchar contra el lavado de dinero, llevó a implementar un sistema de control de cambios cuya principal finalidad fue frenar la fuga de divisas y la disminución de reservas del Banco Central que semana a semana venía interviniendo el mercado con significativos aportes.

Una manipulación sin precedentes del comercio exterior, con poderes discrecionales para decidir, que, como, cuando y cuanto importar, es la más flamante adquisición del sistema. Esta vez el disfraz de turno es la protección a la industria local, aunque el pasar de los días pone en evidencia que se limita compra de bienes que ni siquiera se producen aquí.

Lo paradójico es que parecen todos “descubrimientos”, como si se tratara de asuntos nuevos, cuestiones que antes del turno electoral que le permitió renovar el mandato a la Presidente, no hubieran figurado en la agenda.

En este marco las alternativas son pocas. O estos asuntos existían antes de la elección y fueron ignorados con intencionalidad, o todos estos fenómenos se produjeron desde la semana posterior a la elección presidencial.

La racionalidad nos obliga a inclinarnos por la primera de las alternativas. En ese caso deberemos afirmar que estamos frente a timadores profesionales, gente que se ha especializado, no solo en el ocultamiento sistemático de información, sino en la construcción de argumentos falaces que intenten sostener demagógicamente ante el electorado, razones que no se ajustan a la realidad, pero que gozan de cierta simpatía popular, para que algo que a priori parece negativo, no lo sea tanto, o inclusive sea visualizado como un gran logro digno de ser elogiado y aplaudido.

Para prestigiar la política es preciso tener la grandeza de asumir responsabilidades por los errores propios y poner todas las cartas sobre la mesa exponiendo la realidad, sin atenuantes. Pero para eso se precisa integridad moral y honestidad intelectual. Y no abunda eso en la política de estos tiempos.

En política no solo se pueden elegir diagnósticos y posibles soluciones, también se pueden seleccionar estilos y formas. Cierto sector de la política, ha elegido una forma de plantear las cosas a la sociedad.

Y hay que decirlo, no tienen el monopolio, son solo una versión más burda y desenfadada, más irrespetuosa de la sociedad a la que subestima y toma por ingenua e ignorante, con la impunidad que solo aparece cuando la arrogancia y la soberbia son moneda corriente. En este caso, tenemos poco margen para la duda, evidentemente se trata de embusteros por elección.


- Alberto Medina Méndez -



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